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Para tí

Amigos para siempre !!!

Mi amor:

Esta carta nunca debería haber llegado a tus manos porque eso significaría que las cosas no han ido bien entre nosotros. Te estarás preguntando entonces por qué la he escrito. Es muy sencillo: porque necesitaba exteriorizar, aunque sea en un simple papel, lo que no puedo decirte a la cara, mirándote a esos enormes y preciosos ojos que tienes que desnudan tu alma aunque trates de disimular y que son la última cosa en la que pienso cada noche antes de que me venza el sueño. Por lo menos, yo soy capaz de leer en ellos tantas cosas…

Además, en el momento del adiós, no quiero dejarme nada por decir y esta es la única forma de conseguirlo porque cuando estés leyendo estas líneas ten la seguridad de que estaré tan destruido que sería incapaz de articular palabra ni pensamiento alguno.

No he podido confesarte lo que siento por ti desde el primer día que te conocí porque no quería perderte; aquél bendito día que te presentaste en el despacho, vestida de rojo, maravillosa, reinando... Ayer ni siguiera te conocía y hoy ya no puedo vivir si ti. He tardado 32 años en encontrarte (¡32!) y, aunque es evidente que he llegado muy tarde, no podía permitirme que salieras huyendo de mí y que desaparecieras de mi vida para siempre, al saber que te quería, aunque en todo momento he sido consciente de que, tarde o temprano, sucedería.

Mi única alternativa ha sido intentar mantenerme razonablemente cerca de ti, envejecer a tu lado, disfrutando de tus buenos momentos y de tus alegrías a la distancia que tú me has marcado y apoyándote incondicionalmente en los malos momentos, que de todo ha habido. Sin poner ningún caso en duda tu valía profesional, que me parece extraordinaria, (qué difícil es trabajar en un mundo de hombres, ¿verdad?) siempre he visto en ti a la persona, a la mujer, al ser humano que me ha hecho sentir emociones indescriptibles. ¡Cuánto me has dolido todo este tiempo! Sólo los momentos que hemos pasado juntos daban sentido a mi vida; los demás eran vacíos, interminables…

Por ti he sido capaz de hacer cosas que no habría hecho nunca por nadie. He llegado al extremo de jugarme todo lo que tengo por no verte sufrir. Y, sin embargo, nunca he esperado nada a cambio; todo lo contrario, lo he hecho feliz de poderte ser útil. En un mundo en que el amor se ha convertido en el puro egoísmo de pedir para sentirse bien yo he sido capaz tan sólo de dar, de entregar cada minuto de mi vida a tu causa. Y tú has sido capaz de sacar lo mejor de mí.

Nunca olvidaré el segundo día que quedamos para comer (me acuerdo perfectamente de todas y cada una de las veces que nos hemos visto). Me contaste todos los problemas que habías tenido tanto a nivel personal como laboral. Jamás había sentido tanta ternura como en aquél momento. Jamás. Tuve que hacer auténticos esfuerzos para no levantarme porque lo que realmente me salía de dentro era abrazarte fuertemente, como si con ese simple gesto, ¡qué tontería!, pudiera protegerte de todos los malos momentos vividos y por vivir.

Te debo muchas cosas. Muchas. Has hecho que me sintiera vivo, haciendo de cada segundo de estar contigo un gran acontecimiento. He sentido dolor, te he añorado hasta la desesperación, he sentido tu mirada fija en mí y me he estremecido. Me he pasado los días enteros esperando recibir una llamada tuya, que nunca llegaba…

No pretendo nada de ti. Nunca lo he esperado y todo lo que he tenido la inmensa dicha de hacer en tu beneficio lo considero un regalo inmerecido. Hazme un último favor: deja de preguntarte qué has hecho de bueno en la vida para merecerte las cosas positivas que te están pasando; ¿acaso te has preguntado qué has hecho de malo para no merecértelas? No te martirices, ese tipo de preguntas no tienen respuesta. Lo importante es que has estado a mi lado y me has enseñado qué es el auténtico AMOR: entregarte por la persona a la que quieres cada segundo y sin condiciones.

Y ahora, que ha llegado el momento de despertar del sueño no quiero hacerlo y cuando eso suceda y me despierte sin ti, como si hubieras existido sólo en mi imaginación, no sé de donde voy a sacar las ganas para continuar la pelea. Al contrario, ojalá fuera capaz de desaparecer, de evaporarme. Siempre viviré con el recuerdo de aquella hermosa mañana de un viernes 2 de julio que me regalaste.

Te quiero, y este tipo de certeza sólo se tiene una vez en la vida; envidio soberanamente a aquellos hombres que, habiéndote tenido, te han dejado marchar en lugar de haber dedicado sus vidas a hacerte feliz. ¡Qué estúpidos! ¿Qué puede haber más hermoso y más importante que eso?. Si yo hubiera estado tres días sin ti cuando te vas de viaje no sólo hubiera esperado impaciente tu vuelta sino que hubiera ido al mismo infierno a buscarte para traerte a casa y así acortar el tiempo de tu ausencia; te hubiera regalado un enorme ramo de rosas; te habría preparado la cena que más te gusta mientras te relajabas con un baño caliente; habría escuchado con atención, con tu cabeza en mi regazo, todo cuanto tenías que contarme acariciándote la cara y, mientras te dormías, te habría leído los poemas que escribí en tu ausencia y que hablan de lo que te quiero y de lo que te echo de menos cuando no estás. Pero para él era más importante irse a entrenar, dejándote colgada en la puerta de casa con las maletas.

Si viviera contigo, más de una noche no podría dormir pensando en ti y velaría tus sueños; me pasaría las horas sentado a tu lado, viéndote descansar, tan hermosa, recorriendo con mi mirada cada uno de tus rasgos, tu pelo, tu boca, tu cuerpo… y no necesitaría nada más para ser feliz.

Quiero que sepas que mi corazón te pertenece, para siempre. Ya nunca estarás sola; vaya donde vaya, esté donde esté, siempre te llevaré conmigo, siempre estarás, como desde el primer segundo, en mi mente y en mi corazón. Ojalá esta carta no se acabara nunca porque el escribir todas estas cosas hace que todavía me sienta cerca de ti; pero las cartas, como todo en esta vida, tienen un principio y un final.

Pasaré el resto de mis días maldiciéndome por no haber sido lo suficientemente bueno para merecer tu amor y deseando con toda la fuerza de mi ser que la vida te colme de felicidad. Adiós mi señora, mi reina, mi diosa, con alma de sirena…


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